El mundial, la carrera más bonita y singular del año

El mundial, la carrera más bonita y singular del año

Ibán Vega, el autor de este artículo, recoge diariamente en su blog «El Cuaderno de JoanSeguidor» su experiencia como redactor en las revistas Ciclismo en Ruta, Ciclismo a Fondo y Meta 2Mil. También fue colaborador de Radio Marca, jefe de prensa de la Federación Catalana de Ciclismo y colaborador en guiones televisivos del programa «A Ritme de Pedal» que retransmitió la televisión catalana.
En esta ocasión nos habla de la historia del Mundial de Ciclismo en Ruta, que este año 2018 se desarollará en Innsbruck (Austria).

iban de joanseguidor.com

El mundial, la carrera, la gran carrera. Un día en el que, como los antiguos, no se corre por equipos, y sí por banderas. La carrera en la que distinguir ciclistas, con maillots muy diferentes a la rutina, es la clave, la carrera en la que uno sabe que correrá durante el año próximo con los colores del arco iris que le harán especial del resto.

En el ciclismo español el mundial fue una asignatura eterna, un muro casi infranqueable hasta que la carrera aterrizó en Colombia. Aquello fue una fiesta, año 1995, una de las ediciones más duras de la historia en desnivel acumulado, entre las alturas de Boyacá, la selección española aterrizó con el gran Miguel Indurain al frente.

La prueba fue de pizarra, pero también de ajedrez. España tenía el rey y el alfil, Abraham Olano que acabó colgándose el oro con la cobertura de Indurain, el ciclista que alzó el puño en meta como si hubiera ganado él.

Oro y plata, España entraba de forma gloriosa en el palmarés de la carrera más bonita de todas, días después de haber firmado otro doblete en la crono, pero al revés, Miguel primero, Abraham, después.

No pasaron muchos años para reeditar el título. En Verona, año 1999, una tarde de octubre un cántabro con fama de despistado y sobria sonrisa llamado Oscar Freire partía en la recta final con su bicicleta de carretera hacia el triunfo que le cambiaría la vida.

miguel indurain
Miguel Indurain Atlanta `96 © Anders, CC BY-SA 2.0

En un grupo plagado de estrellas, Ullrich, Casagrande, Vandenbroucke…, Freire, el héroe desconocido venido de Cantabria pintó el arco iris en el ciclismo español. Un triunfo que reeditaría por tercera vez en Verona, cinco años después. Por medio quedó el oro de Lisboa, un oro que llegó en medio de un desastre táctico italiano y una puntería casi legendaria del genio de Torrelavega.

montaña alpes
Montaña nevada en los Alpes © EXPA

En la tercera victoria de Oscar Freire, la segunda en Verona, tuvo mucho que ver Alejandro Valverde, una de las grandes bazas en el inminente mundial de Innsbruck, quien muchos años después se ha situado como el mejor ciclista en la historia de los mundiales, con más podios que nadie, aunque ninguno bendecido con la medalla de oro.

La relación amor-odio con los Campeonatos del Mundo de ciclismo arrancó una noche, con el cambio horario, en Hamilton, Canadá. Fue el gran día de Igor Astarloa, el día que ese vizcaíno de Ermua atacó en el momento justo para llevarse un maillot arco iris que podría haber firmado el propio Valverde, jovencísimo y ganador al sprint deltane de cocos como Van Petegem y Bettini.

Alejandro Valverde, el “hombre mundial”

Ese día Alejandro Valverde cinceló el inicio de una relación con los mundiales que escribió muchos y jugosos episodios. Hubo dos en especial.

El primero en Salzburgo, año 2006. En el suspiro final Samuel Sánchez revienta, corta, destroza el grupo principal. Arrastra a su rueda a Alejandro Valverde con Paolo Bettini y Erik Zabel. La carrera pinta para Valverde, pero yerra en el desarrollo, o quizá peca de confianza, o posiblemente ya no tuviera más que dar, pero Bettini le gana por la mano. Ese mundial lo tenía ahí.

Casi tanto como Purito Rodríguez en Florencia, cuando iba escapado en la vuelta final con Nibali, Rui Costa y Valverde por detrás. Un momento, un lapso de duda de Alejandro Valverde en el corte que provoca Rui Costa, deja al portugués vía libre para cazar y superar a Purito cuando éste saboreaba el oro de un mundial. Valverde fue tercero en una ceremonia de podio impactante, con rostros largos y lágrimas de Purito por el triunfo nunca más volvería a tener al alcance.

Y es que la selección española ha sido referencia de las mejores tardes de mundial en tiempos recientes. Sin embargo, las cosas no siempre fueron así, el ciclismo español tuvo en el mundial una piedra en las zapatillas que aligeraba con alguna esporádica medalla.

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Alejandro Valverde © Hoebele, Wikimedia Commons

La primera la firmó un ciclista de la prehistoria, de los años treinta, Luciano Montero, que fue plata en 1935. Luego más de treinta años después, Ramón Sáez, que también era conocido como “tarzán”, sería bronce. En los ochenta, Juan Fernández se convertiría en el mejor español de la carrera con tres bronces, algunos firmados en ediciones historias, como esa de 1980 en Sallanches, uno de los más duros de siempre, donde Bernard Hinault dejó al resto a una eternidad.

Miguel Indurain nunca dejó de lado el Mundial de ciclismo. En su vitrina cuelgan varias preseas, la plata de Colombia tras Olano fue la tercera, la primera, un bronce ante Gianni Bugno, en Sttutgart cuatro años antes, y las segunda, una plata que Lance Armstrong le rebañó en Oslo, bajo el diluvio. Gente que estuvo aquella tarde de verano lluvioso en la capital noruega insiste que aquel mundial debió ser de Indurain. Pero no pudo ser.

Los mundiales en España

España además ha acogido la cita varias veces. Barcelona ha sido sede en un par de ocasiones, en su circuito legendario de Montjuïc con dos carreras memorables. La primera la de 1973 cayó en manos del listísimo Felice Gimondi, quien sacó petróleo de la eterna enemistad de Fredy Maertens y Eddy Merckx, quienes aquella tarde no corrieron como Bélgica y sí como una suma de individualidades. Los belgas no obstante sacarían un oro de Barcelona, años después, 1984, cuando Claude Criquielion fue el más fuerte en el circuito de la montaña mágica.

entrenamiento mundial
Entrenamiento Mundial © EXPA

La primera vez que el Campeonato del Mundo de ciclismo llegó a este lado de los Pirineos ocurrió en 1965, en Lasarte, donde el célebre Tom Simpson consiguió su victoria más sonada de siempre, un arco iris que le daría fama y titulares, esas cosas que buscó con denuedo hasta perecer en esa fatal subida al Mont Ventoux unos años más tarde.

En Euskadi, San Sebastián albergó la edición de 1997 que acabó con el sprint ganador de aquel melenudo ciclista francés que fue Laurent Brochard, mientras que en Benidorm, tierra por excelencia de ciclistas, stages y grandes pelotones por la carretera, Gianni Bugno doblaría su amor por la gran carrera que mejor le trató. Hace cuatro años Ponferrada coronó bajo la lluvia a Michal Kwiatkowski como Madrid había hecho en 2005 con Tom Boonen, el mejor en el sprint de La Castellana, incluso por delante de Alejandro Valverde.

De Alfredo Binda Peter Sagan

En el gran libro de los Campeonatos del mundo de ciclismo cinco nombres emergen por encima del resto: Alfredo Binda, Rik Van Steenbergen, Eddy Merckx, Oscar Freire y Peter Sagan. Todos estos tienen tres campeonatos en el palmarés. Que una carrera con casi un siglo de tradición sólo tenga recordmen con tres triunfos habla de la dificultad de su conquista, pero que sólo uno, lo haya hecho tres veces seguidas dibuja una prueba imposible de predecir.

Ese uno es Peter Sagan, el ciclista más mediático del momento que tiene en el Mundial su gran baluarte ante quienes critican que sólo corre de cara a la galería. Ha ganado tres veces una carrera complicadísima y además de forma consecutiva, al punto que nuestros ojos se han acomodado a ver a Peter Sagan con el maillot de campeón del mundo y no con los colores del equipo que satisface su abultadísima nómina.

Peter Sagan abrió su cuenta en Estados Unidos, en Richmond. Llegaba tras una temporada muy complicada, con apenas triunfos y muchos segundos triunfos. Antes de afrontar el peor repecho de la jornada, Sagan echó mano de todos los geles que tenía, los tomó de golpe y atacó a fondo para ser campeón por primera vez.

peter sagan
Peter Sagan - Tour de France 2015 © Rob Schleiffert, CC BY-SA 2.0

Al año siguiente, en Qatar, en mundial insulso por el paisaje y el perfil, Sagan pasó el corte de los belgas y ganó a los mejores velocistas del mundo, encabezados por un antiguo campeón como Mark Cavendish. En el último mundial Sagan cerraba el hueco de Alaphilippe en la vuelta final y batía a Kristoff bajo el arco de meta de Bergen. Aquello fue un triunfo a domicilio.

Con el tercer título, Sagan entraba en el club de honor cuyo primer socio fue Alfredo Binda, posiblemente la primera gran leyenda de la historia del ciclismo que, entre otros muchos logros, firmó tres campeonatos del mundo, el primero en el lejanísimo 1927, en Alemania, donde la selección italiana presentaba un equipazo con Girardengo, Piamontesi y Belloni con él. Binda añadiría triunfos en Lieja y Roma, ya en los años treinta en un ciclo en el que, nos cuentan, el dominio de Binda resultaba hasta aburrido.

Siguieron a Binda dos belgas: Rik Van Steenbergen, quien se hizo fuerte en Dinamarca, desde Ballerup a Copenhague, antes de completar el trío de triunfos en Waregem y Eddy Merckx, ganador tres veces y entre ellos del primer mundial fuera de Europa, el de Montreal, Canadá, en 1974, frustrando el triunfo francés de Poulidor y Mariano Martínez, en la región angloparlante del país.

Otros grandes con y sin mundiales

En el ranking por países del mundial de ciclismo, Bélgica domina holgadamente en número de victorias, con seis oros más que los italianos, quienes sin embargo son los ciclistas con más medallas en la historia de los mundiales.

En la serie de los 25 triunfos belgas, George Ronsse contribuyó con dos victorias en las primeras ediciones, las mismas que Albéric Schotte en los años cuarenta, un coco en medio de la victoria de Rik Van Looy en 1949, uno de los apellidos belgas más legendarios. Stan Ockers también puso dos triunfos en un serial al que contribuyeron Johan Museeuw ,Tom Boonen y Philippe Gilbert, posiblemente los grandes símbolos del país del ciclismo en el nuevo siglo.

atomium bruselas

En Italia la variedad, cantidad y longevidad de los campeones es tremenda. En los tiempos más modernos destacaron las dos victorias consecutivas de dos leyendas como Gianni Bugno y Paolo Bettini, uno de los grandes culpables de que Alejandro Valverde no haya sido campeón.

Pero si miramos más atrás, veremos que el mundial en el ciclismo italiano son palabras mayores, y no sólo porque la bota haya sido anfitriona muchas veces, también por los nombres de ese país que un día fueron campeones del mundo: Learco Guerra, Fausto Coppi, Vittorio Adorni, Marino Bassso, el citado Felice Gimondi, los íntimos rivales Francesco Moser y Guiseppe Saronni, Moreno Argentin, Maurizio Fondriest, Mario Cipollini y Alessandro Ballan.

Doble ganador del mundial, ciclista dotado de talento, ciclista que incluso volvió por sus fueros tras un accidente tremendo, Greg Lemond fue otro de los que fijó en la carrera parte de sus miras. Lemond ganó el mundial siendo un crío recién venido de Estados Unidos y lo reeditó el año de su renacimiento ciclista, en Francia, al sprint frente a Sean Kelly.

meta
Meta en la etapa de los Alpes © EXPA

Y es que Sean Kelly, el mejor ciclista irlandés de la historia, nunca fue campeón del mundo y eso que estuvo ahí, para ser campeón, varias veces. Una de ellas lo impidió Lemomd, otra Saronni. Ser el mejor ciclista del mundo no le impidió siquiera ponerse al servicio de su compatriota, Stephen Roche, quien en 1987 logró el complicadísimo logro de aunar Giro-Tour-Mundial el mismo año.

Como Sean Kelly hubo otros grandes de la historia, los mejores de su momento que lograron el Campeonato del mundo. Laurent Jalabert fue otro, cuando más cerca lo tuvo fue en 1992, en Benidorm, siendo un prometedor ciclista y sólo superado por Gianni Bugno.

Constante Girardengo fue posiblemente el primer gran campeón sin arco iris, le seguirían otros como Louison Bobet y Jacques Anquetil, pero sobre todo André Darrigade, cuya punta de velocidad, tan certera otras veces, no le dio el premio del mundial. Tampoco ganaron dos italianos de la época dorada, Gino Bartali y Fiorenzo Magni, ni otro grande de siempre, el rey de las clásicas del ciclismo, Roger De Vlaeminck igual que Hennie Kuiper.

Ver esta lista de desherados del mundial, ver la lista de los triunfadores del mundial, de su dificultad por conquistarlo habla de la grandeza de la cita. El Mundial es la carrera del año.